Sus manos se aferraron a mi culo, guiándome, pero yo era la que marcaba el ritmo... rápido, codicioso, persiguiendo el dolor que había estado acumulándose desde el segundo en que lo pillé mirándome.
El taxi se mecía con nosotros. Ventanas empañándose. La lluvia golpeando fuerte, enmascarando el chapoteo húmedo de piel, mis gemidos ahogados, sus maldiciones roncas cada vez que me frotaba hacia abajo y giraba.
"Maldita sea... ve más despacio o voy a—"
"No", jadeé, uñas clavándose en sus hombros a