Mira
Alexander se rio… ese tipo de risa que me revolvió el estómago otra vez.
—Quédate fuera de problemas hasta que te llame —murmuró, rozando sus labios contra mi oreja por el más breve segundo.
Luego se alejó, fundiéndose de nuevo con la multitud como si no acabara de poner mi noche patas arriba.
El resto de la fiesta pasó en una agradable neblina. Reí con mis primos, posé para las fotos que mamá insistió en tomar, bebí más champán del que probablemente debería. De vez en cuando lo veía al o