Pov Victoria
Salí del hospital con los brazos marcados por Luciana y una rabia que me quemaba el pecho. Al llegar al estacionamiento, abrí la puerta y asusté al conductor.
—Al hotel. Y no me hables durante el camino —ordené mientras me acomodaba en el asiento trasero y sacaba el teléfono del bolso—. Hoy nadie va a impedirme hacer lo que debí hacer hace años.
El conductor asintió y puso el automóvil en marcha. Busqué a Renata Bianchi, una relacionista pública capaz de salvar matrimonios falsos y