Isabella
Las bisagras de la puerta crujieron al abrirse. Un hombre al que no reconocía entró en la celda. Sostenía un plato de madera con un mendrugo de pan y una taza de madera. Tropezó, su bota raspó contra el suelo de piedra y casi deja caer el plato antes de sujetarlo contra su pecho.
—Come —dijo.
Empujó el plato hacia mí. Miré el pan y luego su rostro. Mantuvo la cabeza baja, con la barbilla metida en el cuello de su ropa. Se dio la vuelta para irse, pero chocó contra el marco de la puerta