Isabella
El olor a vinagre, menta silvestre y cobre quemado flotaba en el aire estancado de la enfermería real, denso y sofocante. Sin embargo, por más que Gideon arrojara hierbas al brasero de bronce, no lograba enmascarar el olor más terrorífico de todos: el aroma dulzón, casi empalagoso y profundamente metálico de la plata que se evaporaba a través de los poros de mi hijo.
Eric no solo estaba ardiendo en fiebre; parecía estarse consumiendo desde el interior, como si un dinamo de fuego blanco