Brice y Dome se habían metido dentro de un auto, las lunas eran polarizadas y tenía unas llantas altas. Desde ahí observaban el movimiento, los Safers a lo lejos, pues se veían las luces de sus exoesqueletos; llevaban una noche más sin tener buena comida, agua o una ducha. Se sentían realmente exhaustos, pero se miraban y el estar juntos los hacía renovar energías, esa incursión peligrosa y sangrienta que estaban viviendo los iba uniendo con cada hora que pasaba.
Descansaban abrazados, siempre