El camino se hizo casi imposible para ellos, sabían que debían llegar a salvo, pero no sabían si los estaban buscando, si ya eran un objetivo o sí los estaban esperando en cada pasaje o esquina por la que pasaban secretamente. La tensión se cortaba con un cuchillo de mantequilla, trataban de dormir en los autos abandonados, no solían hacerlo en los edificios derruidos, por temor a que se les vinieran encima como el último en el les pusieron los explosivos.
Dos días y tres noches tardaron en po