Desde que Alanys descubrió las verdaderas intenciones de Seth, su actitud hacia él se había vuelto cada vez más fría y distante, cada vez que lo miraba, sentía como su resentimiento burbujeaba en su estómago, causándole acidez. Aunque la morena no puede desacatar sus órdenes, su comportamiento aún dejaba a Seth desconcertado.
Este día, después de entregarle a Seth unos documentos desordenados y el té ya frío, Alanys se retiró en silencio y cruzó el recibidor del castillo, bajó las escaleras de