Tiana
—No te hagas la tonta, Tiana. No te queda bien. —Se inclinó más cerca, su aliento cálido contra mi cuello.
—Resbalarse no es apretarte contra una pared y tocarte mientras me miras a través de una rendija en la puerta. Resbalarse no es grabarlo. Resbalarse no es mirarme como si quisieras comerme vivo.
—¡No estaba haciendo nada de eso! —mentí, cruzando los brazos sobre mi pecho, con la barbilla bien alta.
—Tienes una imaginación muy… vívida, padrastro. Tal vez seas tú el que tiene la mente