LUIS
La pesada camioneta plateada finalmente dejó de moverse después de lo que se sintió como una eternidad dolorosa, y los hombres enormes arrastraron brutalmente mi cuerpo hacia un lugar frío y oscuro que olía fuertemente a tierra húmeda y metal oxidado. Mis ojos se esforzaron contra las sombras espesas mientras me arrojaban sobre un suelo de concreto duro, con mis rodillas raspándose dolorosamente contra el suelo áspero mientras mi corazón latía como un tambor salvaje en mi pecho.
Los hombre