CRISTAL
En cuanto salí de la habitación, ya no pude controlar la rabia que me invadía, y mis manos temblaban mientras cogía el teléfono de la mesa. El silencio de la suite del hotel solo avivaba mis pensamientos, y aquel nombre seguía resonando en mi cabeza como si se burlara de mí.
«Barbara…» susurré entre dientes, apretando la mandíbula mientras marcaba rápidamente el número de Mariela.
La llamada se conectó a los pocos segundos, y ni siquiera esperé a que me saludara antes de hablar. «Mariel