SEBASTIÁN
Estaba en mi oficina, concentrado en revisar documentos y firmar papeles uno tras otro, intentando mantener la mente ocupada y alejada de pensamientos que no quería afrontar. El silencio en la habitación era denso, y de vez en cuando mis ojos se desviaban hacia el escritorio vacío frente al mío, el que antes pertenecía a Bárbara, y rápidamente me obligaba a apartar la mirada.
De repente sonó mi teléfono, interrumpiendo mi concentración, y lo contesté sin mirar quién llamaba, pensando