BÁRBARA
Los tres días se sintieron como una eternidad conteniendo el aliento, cada tic del reloj actuando como un martillazo contra mis frágiles nervios mientras esperaba el sonido inevitable de ese teléfono desechable sonando. Cuando finalmente ocurrió, el ruido estridente e intrusivo cortó el pesado silencio de la biblioteca como una navaja, y sentí que el corazón se me subía a la garganta mientras lo alcanzaba con mano temblorosa para contestar.
"Supongo que has tenido tiempo suficiente para