BÁRBARA
El mundo se inclinó repentinamente sobre su eje y mis rodillas se volvieron líquidas bajo mí cuando las devastadoras palabras resonaron a través de la línea telefónica. Mi visión se nubló en un velo gris y sentí que la fuerza drenaba de mis extremidades, haciéndome tropezar hacia adelante como si me hubieran arrancado el suelo bajo los pies.
"Bárbara, ¿qué te pasa? ¡Parece que acabas de ver un fantasma!", gritó Sebastián, cuyos brazos me atraparon justo a tiempo para evitar que me despl