LUIS
Subí lentamente las escaleras que conducían fuera del sótano y, con cada paso que daba, el entusiasmo dentro de mi pecho se hacía más y más fuerte. Detrás de aquella pesada puerta de metal estaba el verdadero Sebastián González, mientras que yo era quien estaba bajo la luz del sol, usando su rostro y preparándome para quitarle todo lo que poseía.
En el momento en que cerré la puerta del sótano, le eché llave con cuidado y me guardé la llave en el bolsillo. Una sonrisa de satisfacción se di