SEBASTIAN
Mis ojos se abrieron con una dificultad enorme a medida que la pesada oscuridad dentro de mi cerebro comenzaba a aclararse lentamente, dejándome con un terrible y punzante dolor de cabeza. El aire frío y húmedo olía fuertemente a tierra mojada vieja, madera mohosa e hierro oxidado, haciéndome dar cuenta instantáneamente de que ya no me encontraba dentro de mi seguro y lujoso edificio corporativo.
Intenté mover mis brazos para frotar mi frente dolorida, pero el agudo y fuerte sonido de