CAPÍTULO VEINTISIETE: LA VERDAD HA LLEGADO
MARÍA EUGENIA
Terminando de encender las velas frente a los queridos y a los que más adoraba, dediqué un leve movimiento de cabeza a cada uno. Eran santos que merecían mi respeto y como tal los tenía que tratar.
Tan pronto como las velas fueron encendidas no pude evitar preguntarme sobre aquello que siempre invadía mi mente. ¿Podría ser posible que yo siempre estuve destinada a vivir de esta manera. Quizás nunca lo sabría, quizá nunca llegaría a