CAPÍTULO SESENTA Y CUATRO: ÚNICA OPORTUNIDAD
Todo lo que María Eugenia pudo hacer fue bajar la mirada. Ya se lo había dicho aquel hombre que estaba enfrente de ella, el mismo que parecía pelear consigo mismo para no quedarse dormido en ese momento pero la verdad es que no lo quiso creer, ya que la realidad era que ellos estaban casados ante el mundo pero no en su mundo. ¡Oh! Ahora que lo pensaba mejor, era esa la razón por la que ella tenía que ir a trabajar con él, porque tenían que seguir fin