TREINTA

Olivia emitió un pequeño jadeo por la sorpresa, tenía una mala premonición ante la presencia de su madre en la misma celda, pero se obligó a dejarse ver serena.

— ¿Sabes que estoy aquí por tu maldita culpa? - Teodora se acercó a la mujer con desprecio en su voz y en su mirada.

— No es mi culpa, tú estás aquí por tus propias acciones, si no me hubieras hecho daño en la Villa, no estarías aquí— Olivia retrocedió al sentir la cercanía de Teodora.

— No, tú eres la mayor desgracia de mi vida desde q
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