Gran pelea
Ana, sin saberlo, acababa de meter la mano en un nido de espinas.
Él inhaló profundamente, como conteniendo algo que prefería no soltar. Intentó ser educado…Pero lo soltó igual.
-¿Quieres imaginarme? Bien. -Ladeó la cabeza apenas, la voz suave pero venenosa. -Entonces déjame imaginarte a ti ¿Cómo eras de niña?
Ana parpadeó, desconcertada.
-Te imagino -Continuó él, despacio, palabra por palabra. -Con tus lindas trenzas largas hasta los tobillos… sentada al fuego de la hoguera encend