Llegaron al estacionamiento de la universidad, Luggina miró a lo lejos al profesor.
"¡Joder! Ahí viene, como lo voy a mirar, si supiera lo que me hizo en sueños, el infeliz estaría muy contento"
— Pero que carajos estoy pensando.
Se cuestionó en voz alta.
— ¿La princesa ahora habla sola? Deja a ese hombre pasar muñequita. No le tomes importancia.
— No puedo Mig. Lo detesto. — Expresó con los dientes apretados.
Tomó su mochila, se despidió de su amigo, y caminó por los pasillos que la llevan al