Llegamos al auto y ella tenía sus ojos cerrados, debe de estar exhausta, por esa razón no le dije nada, solo quería que descansara luego de haber vivido en carne propia aquel momento abrumador.
Llegamos a casa y la ayudé a bajar, al entrar nos fuimos a la sala de estar y el cálido calor hogareño hizo que nuestros cuerpos se sintieran acogedores.
Acosté a dila en uno de los sofás mientras que fui a la cocina y le ofrecí un poco de té del que había preparado antes de salir a buscarla.
–Gracias ta