–¿Pero está bien si te compro uno?–niega– en cuanto recuperes iremos a casa y te prepare muchos platos de arroz con camarones.
El niega en varias ocasiones mas–No, no quiero, ve y hazme el maldito arroz si no quieres que te despida–trata de gritar pero no puede, está demasiado débil y aún así es prepotente.
–¡Te he dicho que no te puedes quedar solo!–le abro los ojos y le pongo carácter, el me mira y arquea su ceja izquierda.
–Sabes algo...–hace una breve pausa–olvidalo–si creo que era lo mejor