—¿A buscar un restaurante? — le pregunto con obviedad.
—Vamos a mi casa — ordena él, a lo que yo levanto una ceja — A comer a mi casa — dice mirando hacia otro lado. Por lo que me da un tanto de risa, pero la reprimo.
—Bien. Solo porque hace frio ahora y porque tengo hambre como para estar esperando fila — le digo mientras caminamos a la camioneta en donde están los cuatro hombres de negro (así les digo).
—Está bien — dice él mientras nos subimos a la camioneta nuevamente y Mark arranca sin pr