39.
Llegué a mi casa y encontré una peculiar visita. En la sala de estar estaba sentado un hombre alto, acuerpado, moreno, de cabello negro ondulado, con una respingada nariz y una sonrisa que mostraba sus dientes perfectos; usaba un traje gris hecho a la medida y zapatos de cuero de cocodrilo. Nadie podía ser más elegante y guapo que Gael Santillana, el mejor amigo del esposo de mi hermana.
Tomaba un vaso de whisky mientras veía a los gemelos jugar sentados en el piso, tratando de armar un rompeca