Sus ojos clavados en los suyos traspasaron los límites de la cortesía que mantenían hasta entonces—. Me he pasado de la raya al venir aquí. Me iré. El doctor Finley querrá verte en un día o dos. Estudiará tus ojos, unos ojos asombrosamente hermosos, por cierto, y escuchará tu corazón. Examinará el chichón de tu cabeza... Ese tipo de cosas, pero no te quitará las vendas ni examinará tu mano, Angeline . Todavía no.
Se dio la vuelta para irse y todo lo que ella podía pensar era cómo le gustaba oír