—Estoy bien, mamá. Estoy bien —aseguró Ben, por enésima vez, a una Roussa muy agitada.
—Gracias al cielo —dijo la mujer con lágrimas en los ojos, mientras lo abrazaba al punto de casi asfixiarlo—. Ahora cuéntame, ¿qué pasó? ¿Cómo es que lograste salir del auto antes de que cayera al río?
—Supongo que ha sido un milagro, mamá —contestó recordando a Lara y a la llamada que había hecho a servicios sociales esa misma tarde. Para ese momento estaba seguro de que Lara y sus hermanos se encontraban