CAPÍTULO 3
—No creo que deba usarlo, está guardado debajo de mis cuadernos de la universidad en el segundo cajon de mi mesa de noche.
—Sky, hazlo. Me salió carísimo.
—No debiste comprarlo.
—¿Por qué no? Ahora estarás sola y no tendrás con quién quitarte las ganas. Hasta yo estoy pensando comprarme una muñeca inflable.
—¡Gabriel!
Se echa a reír.
Gabriel me regaló un vibrador. De esos que te dan una caricia al clítoris y ves el cielo, según él. Nunca usé uno ni tampoco quise hacerlo, pero él no p