Mason acarició su hendidura de arriba abajo, causando temblores y finos gemidos en Nancy que no dejaba de mirarlo a los ojos y morderse los labios en un intento infructuoso de acallar su voz. Pero es que esa vaga caricia era más de lo que había imaginado.
En el afán de conocer su cuerpo, se había tocado en el pasado, pero nada se podía comparar al toque de un hombre. Sus dedos no se sentían igual a los de él, que parecían emitir fuego y electricidad de otro mundo.
La humedad y el calor se inten