Capítulo 2: El contrato que nos une.

Sharon Foster.

Adrián fue el primero en poner distancia entre nosotros, yo estaba pasmada en mi lugar, con el corazón latiendo desenfrenado mientras lo observaba acomodarse los puños de su camisa con esa arrogancia que en cualquier otro podría ser considerada pecado, pero que a él le sentaba jodidamente bien.

No podía creer que después de tanto tiempo volviera solo para joderme la vida.

— ¿Por qué? — me atreví a preguntar, sin dejar de mirarlo.

— Mi padre murió — informó, mientras se servía un vaso de whiskey, antes de ocupar uno de los sillones individuales — y si quiero cobrar su herencia debo conseguir una esposa.

Fruncí el ceño, en antaño, a él no solía importarle el dinero de sus padres; cuando había cambiado.

— ¿Y no te importa que yo haya continuado con mi vida? — pregunté. Apretando los puños, este hombre que ahora tenía frente a mí, no era ni el reflejo el hombre del que me había enamorado en el pasado.

— Lo único que me importa es que eres mia, siempre lo has sido… antes, ahora — se encogió de hombros, mientras le daba un sorbo a su bebida — solo recupero lo que me pertenece. Y deshacerme del payaso con el que estas no sería más que un trámite tedioso.

Abrí muchos los ojos, sorprendida por el significado real de esas palabras.

— ¿Es una amenaza?

— Es una advertencia, Sharon — dejo el vaso a un lado, poniéndose de pie y acercándose a mí con una calma escalofriante — sería una lástima que Ryan sufra un… desafortunado accidente, eso de salir a correr en horas de la madrugada por un barrio tan peligroso puede ser mortal.

Le di un manotazo cuando extendió su mano para acomodar un mechón de cabello detrás de mí oreja, él solo sonrió divertido.

— No puedo creerlo, ¡te has convertido en una jodida copia de tu padre!, ¡un arrogante de m****a que juega con la vida de las personas como si no valieran nada! — le grite, en un rápido movimiento Adrián me tomo de la barbilla, pude sentir sus dedos clavarse en la piel de mis mejillas sin llegar a lastimarme.

— Escúchame bien, Sharon. Yo no soy ni seré jamás como mi padre. Él era una basura, yo solo soy un demonio que sobrevive en su propio infierno y tu muñequita — se inclinó hacia mí, sus labios rozando los míos — te convertirás en la reina de mi infierno, aunque te duela, aunque terminemos destruyéndonos en el proceso. Porque tienes una deuda conmigo, porque tengo el poder de destruir todo lo que eres, basta con solo chasquear los dedos para hacer desaparecer tu carrera, tu novio. Tu vida entera. Y si no quieres que eso paso, más vale que hagas lo que te digo.

Me liberé de su agarre con un movimiento brusco. Sabía que Adrián tenía razón, que podía destruir todo lo que soy, todo por lo que había trabajado durante años, podía hacerme desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

Me gustara o no, había puesto una condena sobre mi cuello en el momento en que firme ese maldito documento que me convertía en su propiedad. Pero, aun así, una parte de mi me gritaba que debía luchar, que no podía caer de nuevo en los juegos de poder de la familia Di´Marco.

— No lo hare, no me convertiré en tu jodida esposa trofeo, solo para que puedas cobrar la herencia de tu papi — me cruce de brazos, mirándole con esa arrogancia que él me había enseñado a poseer — búscate a otra…

Di media vuelta lista para marcharme, pero antes de que pudiera si quiera dar un paso la voz de Adrián, calmada, pero con un matiz dominante que resultaba aterrados, me detuvo.

— Si la vida de Ryan no es suficiente incentivo para esto… ¿Cómo crees que reaccionaria el público si descubren que actriz favorita no es más que una asesina?

Sus palabras me paralizaron, mi corazón comenzó a latir desenfrenado. El pánico comenzando a correr por mis venas.

— ¡No te atreverías! — hablé, girándome para mirarlo con horror. Él esbozo una sonrisa ladina mientras se cruzaba de brazos y me miraba con la barbilla en alto.

— Con tal de obtener lo que deseo, soy capaz de cualquier cosa… incluso si eso significa destruirte para poder poseerte.

Apreté los puños llena de impotencia. ¿Cómo podía luchar contra esto? Sabía que Adrián poseía las pruebas suficientes para incriminarme. No pude hacer más que agachar la cabeza, debía doblegarme si no quería que las verdades de mi pasado salieran a la luz y me enterraran debajo montañas de m****a.

Escuche los pasos de Adrián saldar la distancia que nos separaba, su mano grande y calidad se posó en mi mejilla, obligándome a mirarlo a los ojos, donde esa satisfacción por verme derrotada brillaba con intensidad.

— Eres mía, Sharon… lo veas por donde lo veas… yo desaparecí un cadáver por ti… yo te saque del infierno que era tu vida… yo me encargue de cubrirte, de darte una vida digna… estabilidad… una carrera… ¿Qué pasaría si quisiera de vuelta todo el dinero que invertí en ti? — sonrió con falsa inocencia — ¿O si eligiera usar nuestro contrato en tu contra? Se supone que trabajarías para mí cuando terminaras tu carrera… eso fue hace 5 años y aún no veo ni un centavo de ganancia en la inversión que hice, podría denunciarte por incumplimiento de contrato…

Se inclinó, depositando suaves besos en mi quijada, bajando hacia mi cuello, con una lentitud seductora que no era más que una reafirmación de su poder sobre mí.

— Tengo mil maneras de destruirte y estoy dispuesto a usarlas todas con tal de tenerte…

Cuando intentó besar mis labios gire la cabeza, evitando el contacto. Él soltó una carcajada cargada de diversión mientras comenzaba a acariciar mi mejilla con su pulgar.

— Resístete todo lo que quieras — una sonrisa casi psicópata surco sus labios, mientras me miraba con demasiada intensidad. Sentí como un escalofrío recorría mi espalda. Sintiendo miedo de él por primera vez.  

— Eres una basura — respondí, con la voz más quebrada de lo que pensé. Aunque quisiera negarlo las acciones de Adrián me estaba afectando.

—  Lo sé — respondí con simpleza, como si no le importara el daño que me estaba haciendo, se alejó de mí para buscar una carpeta y extenderla hacia mí — hora necesitare que firmes este acuerdo, es nuestro acuerdo prematrimonial, donde se estipula que permaneceremos casados durante 2 años.

Tome la carpeta con manos temblorosas, estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para ni derrumbarme frente a él, no le daría ese placer.

— El divorcio no puede ser solicitado antes de ese tiempo — continúo explicando — Ninguna de las partes involucradas puede mantener relación sentimental ni sexual con individuos fuera de este acuerdo. Tampoco puedes declarar o informar a nadie que este será un matrimonio por contrato.

Permanecí en silencio, observando cómo se movía para servirse un nuevo trago de whiskey, su presencia dominaba el lugar sin esfuerzo.

— A los ojos de la sociedad, somos una pareja que lleva años esperando la oportunidad para amarse y me importa una m****a lo que tengas que hacer con Ryan. Lo quiero fuera de tu vida en las próximas 24 horas, borra todo rastro, como si nunca hubiese existido. O sino abstente a las consecuencias — como si no acabara de lanzar una amenaza sacó un bolígrafo del bolsillo interno de la chaqueta de su traje, el cual extendió hacia mí — la boda será en un par de días. Pero desde el momento en que firmes ese papel, serás completa y exclusivamente mía.

— Pensé que ya lo era — respondí, poniendo los ojos en blanco, mi voz cargada de sarcasmo.

— Por supuesto. ¿Qué es una cadena más, una cadena menos? — agito su mano con fastidio — nos guste o no, tu vida está unida a la mía. Por algo llegaste hasta donde estas ¿no? Tu departamento, tu carrera, tu nombre. Todo te lo he dado yo, tras bambalinas, pero yo, al fin y al cabo.

— Y sería una lástima que todo se derrumbara por un error — complete por él, Adrián sonrió, complacido.

— Aprendes rápido.

— Lo hago del mejor — tome el bolígrafo y con una rabia que me envenenaba por dentro, firme los documentos, estampando mí nombre en la línea punteada, firmando mi nueva condena. Aunque mi único deseo era estar años luz de Adrián, sabía que era imposible escapar de él. No cuando el parecía determinado a arruinarme la vida.

Cerré la carpeta de golpe y se la extendí.

— Después de que este matrimonio acabe me dejaras en paz. Quedare libre de deudas contigo — mis ojos se clavaron de él, necesitando la confirmación de mi libertad cuando todo este circo terminara.

— Por supuesto, te doy mi palabra — hice una mueca de desagrado, «Su palabra» la misma en el pasado había valido menos que el polvo.

Lo ignore, dirigiendo mis pasos hacia la puerta; lista para poner fin a este teatro.

— Mandare por ti mañana. Debes probarte el vestido de novia — informó, cuando mi mano estuvo sobre el pomo de la puerta — después de todo, ese es el sueño de toda mujer.

— El mio no. Nunca lo ha sido y lo sabes — le corte, girándome para enfrentar su mirada, presa de la rabia y la impotencia de saber que una vez más este hombre estaba jugando conmigo — cumpliré con tu contrato, pero ten por seguro que seré miserable cada día de este maldito matrimonio y por ello te hare la vida igual de miserable, Adrián Di´Marco.

— Lo espero con ansias, cariño.

Maldije internamente el día en que Adrián Di´Marco llego a mi vida.

Y sin decir nada más, giré y salí de la suite, cerrando la puerta con un portazo que pretendía ser un punto final, pero que solo era el comienzo de mi nueva pesadilla.

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