Capítulo 46: El traidor en la sombra
La celda de Marcus Hart era estrecha, iluminada por un fluorescente pálido que parpadeaba sin cesar. Estaba sentado en la litera metálica, con las manos cruzadas sobre las rodillas, la mirada perdida en el vacío. Tres días llevaba encerrado. Tres días sin dormir. Tres días dando vueltas a las mismas preguntas: ¿por qué? ¿cómo? ¿por qué?
La puerta se abrió con un chirrido metálico.
—Hart —dijo el guardia—. Tiene visita.
Marcus levantó la cabeza, con los ojos