461. La intimidad como campo de batalla.
Lo dejo entrever de una forma tan precisa que impide su copia sin destruir lo que intenta reproducirse.
Durante una comparecencia que debía servir para reafirmar límites, permito que el flujo se manifieste apenas lo suficiente como para alterar la percepción colectiva, una modulación mínima pero inconfundible, una resonancia que atraviesa la sala y obliga a quienes están presentes a experimentar, aunque sea por un instante, la imposibilidad de separar poder, deseo y conciencia sin reducirlos a