462. La elección que no pide testigos.
La decisión se forma entre nosotras sin necesidad de acuerdo explícito, una comprensión compartida que se desliza con la naturalidad de algo largamente esperado: permitiremos un acercamiento controlado, una instancia pública donde la tercera fuerza crea haber obtenido acceso, cuando en realidad lo que recibirá será una versión deliberadamente incompleta, una superficie cargada de sensualidad simbólica, de promesa perceptiva, suficiente para atraerlos y exponerlos a su propia incapacidad de sost