323. Acércate.
El ser recién formado se inclina hacia mí con una determinación silenciosa, como si toda la violencia del entorno fuese apenas un murmullo apagado, una perturbación lejana incapaz de interferir en lo que está por ocurrir entre los dos. Su presencia, todavía vibrante por la metamorfosis, desprende un calor profundo que no quema, más bien envuelve, un calor que se desliza por mi piel como una caricia que ya reconoce el camino incluso antes de tocarlo.
Sus dedos oscuros continúan trazando la línea