Cuando vio a Celia minutos antes, aún mantenía el respeto. Pero ahora había dejado caer la máscara de amabilidad para mostrar su verdadera arrogancia. Después de todo, tenía que disfrutar de los privilegios que César le había otorgado.
Celia apretó los puños con rabia, manteniéndose impasible.
—Entonces, directora Núñez, ¿tiene alguna tarea especial para mí?
Sira cruzó los brazos y miró a su hijo. Óscar se acercó corriendo.
—Mamá, quiero un mousse… ¿Podrías pedirle a esa mala que me lo compre?
S