Al anochecer, César cenaba con Enzo y Celiana en un restaurante. Ella adulaba tanto a César que hasta los meseros la notaban con facilidad. Enzo, que también se percató de eso, dejó de cortar su filete y arrugó el ceño.
—Debes portarte con decoro. —Le advirtió.
—Entendido, ¡papá! —Ella parpadeó, creyendo que su expresión era muy adorable.
Aunque Enzo se había esforzado por contenerse, se notó el rastro de disgusto en su expresión. ¿Era esta la hija de él y de Nieve…? César sostenía su copa de vi