Capítulo XXVIII
Con los nervios de punta, pero la fe puesta en Dios, sabía que todo saldría bien, pues esta oportunidad no la había buscado, sino que se le había presentado a su puerta. La suerte estaba de su lado. Así se dirige a la comandancia hasta que al fin llega, y en ese momento pregunta a la recepcionista
–Muy buenos días, señorita, por favor ¿podría usted comunicarme con el General?
–Buenos días. ¿En qué le puedo ayudar? ¿Podría usted decirme su nombre?
–Si, si claro. Mi nombre es Me