Andrés no contradijo sus palabras, simplemente se acercó y aflojó un poco la corbata.
Sus dedos se rozaron involuntariamente, ambos fríos como el hielo.
Sonia ya estaba acostumbrada, pero los dedos de Andrés se encogieron ligeramente, aunque rápidamente actuó como si nada hubiera pasado, solo ajustando la presión de la corbata.
—¿No dijiste que me llevarías a hacer un chequeo prenatal? —preguntó Sonia—. ¿Cuándo iremos?
Andrés la miró lentamente.
Sonia le devolvió la mirada, sus ojos mostraban si