—¿Todo arreglado?
Notando el extraño estado de ánimo de Sonia, Leandro esperó hasta llegar a Piedra Alta para preguntarle.
Sonia aún parecía distraída, pero asintió levemente.
—¿Todavía no te sientes bien?
Leandro extendió la mano para tocarle la mejilla.
Este movimiento repentino asustó a Sonia, que se tensó ligeramente. Pero antes de que pudiera apartarse, Leandro ya había retirado su mano.
—Al menos no tienes fiebre —dijo retrocediendo dos pasos—. Pero deberías descansar más.
Sonia asintió, p