A Layla se le iluminaron los ojos y se rio alegremente. "¡Bien! ¡Que nuestro hermano menor tenga hijos en el futuro! ¡Je, je! Así, ¡nuestros padres no nos obligarán a tenerlos!".
Robert pareció escuchar la risa similar al sonido de las campanas de su hermana mayor, y sus ojos, oscuros como gemas negras, se fijaron inmediatamente en la dirección de Layla.
¡El pequeño no sabía que en su primera fiesta de cumpleaños, su hermano y su hermana habían empezado a conspirar para que tuviera un bebé!
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