El teléfono sonó un rato antes de que alguien contestara.
“Hola, tío Fred. Soy Avery Tate. ¿Te acuerdas de mí?”.
“¿Avery Tate? ¡Claro que me acuerdo de ti! ¡Nuestra empresa no habría caído en bancarrota si no fuera por ti! ¿Cómo te atreves a llamarme? ¿Perdiste todo tu dinero en el extranjero y quieres que te preste algo? ¡Déjame decirte ahora mismo que no recibirás ningún centavo de mí!”.
Avery mantuvo la calma a pesar de la hostilidad que provenía del otro lado de la línea.
“No es por eso