Avery se imaginaba a Elliot tirado entre las rocas, sin agua ni comida, y cubierto de heridas. Y, sin embargo, no podía ser rescatado.
Cuanto más pensaba en ello, más desconsolada se sentía.
Las lágrimas seguían cayendo, mojando partes de su pelo.
Poco después, se quedó dormida.
En medio de la noche, ¡sopló un gran viento! Avery se despertó por una pesadilla. Cuando se levantó, vio las cortinas golpeando contra la pared. Por suerte no había apagado las luces de la habitación. Si no, se habrí