Capítulo cuarenta y uno: Cuestión de segundos.
— ¿Estás segura de que puedes caminar bien?
— No perfectamente pero en comparación a las otras veces si, gracias por todo el apoyo David, si bien es cierto que somos novios y eres el padre de mi hijo no era necesario dormir todas esas noches en este hospital...
— Sólo quería estar al pendiente Juju, me mataba la angustia de no saber cómo estabas, además también quería que tú familia fuera a darse un descanso.
Mientras yo caminaba como un pingüino tras haber sido dada de alta David sostenía al