Capítulo cuarenta: Gracias a Dios no es feo.
Si pudiera resumir como fue el parto, diría que caótico, empezando porque David nuevamente se desmayó por unos minutos al verme dar gritos de dolor y los doctores decirme una y otra vez que ya el niño le faltaba poco para salir y pujara. Mi familia apareció a última hora y lucian desesperados por saber cómo estaba al punto de intentar ingresar en el área donde yo permanecía y acabar siendo expulsados a la sala de espera en compañía de Aaron quien parecía igual de nervioso que el resto.
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