Capítulo cuarenta y dos: Conejo de felpa.
Mamá no solía hablar de su familia, y lo poco que sabía era que no eran buenas personas, al menos eso fue lo que dijo una vez cuando hice preguntas que para ser una niña eran normales. Así que pasaron los años y no insistí más con el tema, creía en que si mi mamá estuviera equivocada ya habrían ido a conocerme o preguntar por mi, pero eso nunca pasó, tal vez por eso tenía sentimientos encontrados y me resultaba increíble que después de tantos años me dieran noticias de su existencia.
— No estás