Tamara
Llevo un mes en esta cabaña metida en el medio de la nada, Gabriel no ha vuelto a ponerme una mano encima, más bien parece controlarse y se desahoga haciéndome trabajar hasta la muerte, mis días aquí son simples pero infernales, me levanto temprano, cocino, limpio, me encargo de todo sus caprichos como por ejemplo; hace unos días se le ocurrió que debía limpiar las ventanas del segundo piso por afuera donde llovía a cantaros, gracias a ello en este momento me encuentro con un refrío de l