(11)

— Oh, Bill gracias a Dios que te encuentro —  Sarah se acercó hasta el automóvil detenido a medio camino de la salida del estacionamiento. Bill la miraba atónito, incapaz de creer lo que estaba pasando. Todo en ella estaba perfectamente igual a como la recordaba. El cabello castaño le llegaba hasta los pechos ondeando en el viento como el pelaje de un pura sangre, la piel blanca y reluciente, ligeramente bronceada en el cuello, un bronceado que a Bill siempre le había encantado; Sarah ll

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