CAPITULO DIECINUEVE
Milo
— ¡También quiero unos malvaviscos de esos en espiral, por fis!
Ghian quién había estado caminando se detubo al escucharme para asentir hacia mí sin voltear a mirarme para retomar su camino a donde mis cosillas dulces esperaban por ser agarradas, prácticamente babeaba por todo lo dulce.
— Cualquiera pensaría que es tu marido.
Ante la voz de Peyton giré a mirarla algo apenado al tener a su esposo yendo por mis dulces, luego la miré fijamente para rodar mis ojos.
— No pue