CAPÍTULO TRECE
Milo
El despertarse en ésta cama a la dureza en mi fraternidad era un cambio tremento, ya que la camita de aquí era tan suave...como estar recostado en un dulce malvavisco donde las ganas de levantarse eran mínimas, como un menos cero supremo.
Tan rico.
Había un calorcito a mi costado derecho, ya sabía que era Kadem, aun así me sorprendía un montononon que su precensia no me incomodaba, la verdad es que me encanta.
Nunca había compartido cama.
Neeee.
No del todo cierto ya que he