55. Desesperación
Cássio Ravelli
Llegué al hospital después de una ducha que no resolvió nada.
El agua se llevó la sangre de mi cuerpo, pero no se llevó la sensación. Todavía sentía el peso de ella en mis manos, el calor escurriéndose, el miedo pegado a la piel como si se hubiera metido en los poros. Me puse la primera ropa limpia que encontré, tomé el coche y conduje demasiado rápido, sin ver a nadie por el camino.
Cuando entré en urgencias, vi a André desde lejos.
Estaba de pie, apoyado contra la pared blanca